La ventanita busco novia

Hola me llamo Ramiro tengo 15 años busco novia entre 14,15 y 16 soy muy gracioso me gusta mucho el deporte, soy muy romántico háblame sin miedo.
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Bueno, si alguien esta interesada, mi msn es santi-gil hotmail. Hola, me llamo Joaquín y tengo 16 años. Hola, Anna Suzuki: Soy hombre y soy también de México. Hola, soy venezolano. Tengo 16, busco novia. Hola, me llamo Espineira y tengo 18 años. Soy un chico atractivo, alto. Me gustan los aninales, soy muy sociable. Y busco novia de mas o menos mi edad. Interesadas podéis escribirme por mi gmail y ya por ahí doy mi whtpp. Hola, mi nombre es Rudy Eduardo Osorio.

Tengo 17 años de edad y busco una novia que sea cariñosa, amable, tranquila, eduacada, etc. Me gusta cualquier tipo de cosas. En mi Facebook aparezco como Rudy Eduardo Osorio. Vivo En Honduras, Choluteca. Hola, busco novia linda. Quedamos en mantener el contacto, vernos en Lima y en ir juntos al concierto de The Killers.

Era una chica para estar y me jodía un poco haberla conocido justo al final de su viaje y casi al comienzo del mío. La besé larguísimo, no quería separarme.

Ella me apretó con fuerza, sosteniendo en una de sus manos una copia de mi libro que me había prometido iba a leer durante el vuelo. La vida es irónica, pensaba mientras veía cómo despegaba el avión de Lucienne. Unas son de cal y otras son de arena. Tal vez la respuesta esté en el polen, quién sabe. Después del desayuno Bobby se metió a la ducha. Me acerqué para darle un beso y ella me lo devolvió. Sentí alivio. Todo ese día y toda esa noche y toda la mitad del día siguiente fue una recreación de Before Sunrise, una de mis películas favoritas, en la que un mochilero se encuentra en un tren con Julie Delpy y viven un romance de un día en Viena para finalmente tomar caminos separados y despedirse para siempre.

En la primera, una amiga, cuyas iniciales -digamos- son MB, víctima de una confusión o de esos arrebatos que nos salen del alma cuando tenemos algo que nos jode, me increpó sobre mi estado en el MSN. Es que estoy escribiendo el blog de El Comercio que antes escribía Renato Cisneros. Este usuario no puede responderle porque aparece como no conectado. Las dos anécdotas me dejaron la sensación de que hablaban de lo mismo: Este episodio cuenta esa historia y responde a las preguntas sobre la razón de este viaje. Era su cumpleaños y después de dar mil vueltas bailando El Embrujo nos dimos el primer beso de nuestra historia.

Fue un beso que comunicó muchas cosas lindas, pero que sobre todo delató una necesidad por llenar un vacío muy grande tanto en su vida como en la mía. Ella vivía en Berlín, acababa de cumplir 24 años, tenía un hijo de 3 y se sentía sola. Yo era un gitano, cansado de los vacilones, con ganas de echar el ancla y sin nada que perder. Claudia era hija de una alemana y de un cusqueño, había vivido casi toda su vida en Cusco y hace cuatro años se había ido a estudiar a Alemania. Ya con el embarazo y la crianza del niño había ido postergando sus planes. Era entretenida, inteligente y con una sensibilidad tan a flor de piel que llegaba a inmovilizarla, lo que la hizo, a lo largo de nuestra relación, contraerse gradualmente hasta refugiarse dentro de un caparazón inaccesible.

Yo la tenía idealizada en su traje de bailarina de saya, en su minipollera con tacones altos, en su 1. Me encantaban su apariencia inocente, sus ojos verdes y su mirada tan tierna como indescifrable. Ella me había colocado en un pedestal y me había entregado en cierto modo las riendas de su vida. Un departamento pequeño, las diferencias entre ella y el padre del niño, la convivencia con el niño, la ausencia de amigos, un idioma desconocido, la mentalidad de un país ajeno y un invierno en el que a las cuatro de la tarde ya es de noche fueron minando el terreno.

Pasamos del fogonazo inicial y del amor a primera vista a la rutina del día a día, a la trampa de una convivencia complicadísima. Cuando yo impuse mi manera de encarar las cosas y de solucionar los problemas, ella, impotente y frustrada, se reprimió callando sus desacuerdos y almacenando un enorme resentimiento hacia mí. Yo no era consciente de esto porque creía que eso era lo que ella quería, Claudia me había entregado ese poder y yo lo estaba utilizando por el bien de los dos. El cuento de hadas se desvaneció a los dos meses de vivir juntos.

Ella estaba bloqueada y yo no sabía cómo revertir la situación. Había entendido finalmente su punto de vista pero ya era demasiado tarde. El malestar trascendía los silencios. Las peleas y reconciliaciones se volvieron casi interdiarias. Mi estrés por adaptarme a la sociedad alemana y la impaciencia por arreglar las cosas con ella precipitaron el desastre. Le costaba mucho hacer borrón y cuenta nueva. Decidí mudarme.

Bueno pues, así es la vida, hay que tomar riesgos. Había venido nuevamente de vacaciones y ya las aguas estaban calmadas. El tiempo había curado las heridas. Hicimos las paces con el pasado. Conversamos y nos abrazamos muchísimas veces y a pesar de habernos extrañado dejamos bien claro que nuestros caminos continuarían separados. La simpleza del razonamiento anterior no tuvo ninguna validez ni me alivió en nada. Por el contrario, todos esos meses de acumulación inconsciente de experiencias e ilusiones sumados al cariño y al apego a mi nueva y pequeña familia y las inmensas ganas de sacar adelante un proyecto de vida se fueron al cacho y se convirtieron en un tsunami de proporciones tristísimas.

Yo tenía varias razones para viajar a Europa, entre ellas estaba Vicky, reencontrarme con los amigos exiliados como Bobby, visitar a mi hermano que ya estaba por volverse a Lima, hacer algunos contactos literarios y mochilear un poco. Volví a ver a Claudia un año después en la presentación. Necesitaba regresar a Berlín para sentir que había cerrado el círculo. Cuando viví con Claudia lo hice durante los meses que duró el invierno, ahora era verano y quería verla brillando,. Cumplí con todo lo que tenía planeado. Solo una cosa no salió como yo esperaba, y esa fue el reencuentro con Claudia.

Ella había cambiado. Ya no tenía la actitud pasiva y silenciosa de antes, ni mucho menos el agotamiento de nuestra época juntos, sino todo lo contrario. La veía demasiado feliz y relajada, segura, activa, conversadora. Estaba soltera, con nuevos amigos y mucho tiempo libre. La verdad es que no me lo esperaba, en Lima ni me percate de la nueva Claudia, a lo mejor me la ocultó, y hubo algo al verla tan segura de sí misma que me movió el piso.

Sin embargo, también descubrí que estaba pasando por una etapa en la que no le importaba nada, solo quería vivir el momento, divertirse y dejar que la vida la lleve por donde le plazca. La daba igual todo y no quería saber nada de compromisos. Ella solo sonrió. Los malentendidos y las viejas discusiones no tardaron en aparecer. No lo pensé dos veces, hice mi mochila y fugue a tierras menos temblorosas. La historia con Claudia y con Berlín finalmente concluyó, y aprovecho para dejarles un cortometraje inspirado en esta y en otras tantas historias. En la esquina del parque.

Apoyado en los cerrajes a un lado de la puerta termino los estiramientos. Lentamente subo los brazos y me sumerjo entre peatones y corredores, como un fantasma. El ejercicio concluido me permite disfrutar la danza de mis pensamientos, reconozco que soy impertinente, intenso, torpe. Hay un elemento coral en la observación de las personas que me causa una enorme paz. Cualquier soundtrack acompaña bien. Me pasa en el metro, me pasa cuando corro, me pasa ahora que escucho Again de Lenny Kravitz apoyado sobre un muro, pensando en ti mientras le ofrezco una sonrisa a la gente. Madrid Fue así que milagrosamente me topé con una serie de interesantes coincidencias.

Alguien me había taggeado en un video de la facultad, y en las lista de comentarios, Gaby, una amiga que no veía. Entre ellas figuraba un saludo de cumpleaños escrito por una chica que también vivía en Barcelona y a la que le había perdido el rastro durante años, una arequipeña que solo había visto tres veces en mi vida y con la que apenas había cruzado un par de palabras. Se llamaba Cristina Schwarz y desde la primera vez que la vi me llamó la atención. La conocí en el La situación se puso un poco extraña cuando la anfitriona se metió al baño a vomitar y el esposo fue a meterle el dedo - en la garganta quiero decir - para agilizar el proceso evacuatorio, ustedes saben.

La cuestión es que Cristina Schwarz era uno de los otros cuatro gatos que estaban sentados cheleando conmigo en esa terraza, todos a la espera de que algo interesante suceda y le ponga emoción a esa noche pastel. Al final opté por despedirme educadamente e irme a dormir. La segunda vez que nos vimos fue unos meses después, ella entrando y yo saliendo de un almuerzo.

Apenas nos saludamos. Yo salía con Ale, otra arequipeña, y ella me dijo que le había pasado la voz a dos amigas.

Cuando llegaron me dí con la sorpresa de que Cristina Schwarz era una de ellas. Total, no pierdes nada. Hola Cristina! Me avisas Beso a. Hola, que tal?

Busco Novia por rusca by Rusca - Issuu

O viniste por un tiempo largo? Bueno acabo de regresar de una semanita en la playa y esta semana, aunque estaré yendo a la office, estaré tranquilasa de chamba saliendo temprano tipo 4 p. Quedamos en el café Zurich de plaza Catalunya, tradicional punto de encuentro de Guiris desubicados. Caminamos por las ramblas hasta el mar. En el camino paramos a tomar algo - yo chelas- ella claras cerveza con sprite y limón creo, o algo así - , a comer unas tapas y a esquivar a los vendedores de cerveza bier. Al cabo de un rato terminamos recostados en un jardín frente al Mare Magnum oyendo a una banda de jazz callejero.

Mi teoría de las equivalencias se había derrumbado. O sea, hasta ese momento yo no era nadie para esta chica, cero, una posibilidad nula. No existía. Sea como sea la pasamos mostro, me encantó su manera de llevar la conversación y en su sonrisa infantil la note feliz,. Salir con Cristina fue estimulante, sano como una bocanada de aire fresco. Mi mente ya alucinaba con otra cita en el Mirablau, en el Tibidabo, en Montjuic. Pero no me quedaba mucho tiempo. Dos días después, horas antes de salir hacia El Prat para tomar mi vuelo a París me llegó un correo. Si regresas a vivir por aquí y si aun sigo yo , salimos otro día si quieres a charlar o tomar algo.

Le mandé tus saludos a Gaby, le mostré tu libro, leímos una parte juntas y tb le gustó. Ja,ja Bueno… que disfrutes tus viajes Beso Cristina Al terminar de leerlo me sentí conmovido. Definitivamente quería volver a verla. Me encantó que tomara la iniciativa y sobretodo la buena vibra. La agregué al MSN y me fue acompañando virtualmente en mis recorridos. Le iba contando de Lucienne, de Claudia, de las cosas que me iban pasando. Ella también se abrió conmigo y muchas veces nos amanecíamos chateando de lo que sea. Nos hicimos buenos amigos. Pero lo cierto era que la frecuencia de mails entre Lucienne y yo había disminuído considerablemente.

El reencuentro esperado en Lima era algo incierto, empezaba a perder consistencia y se estaba convirtiendo en un espejismo. Tres meses de distancia era demasiado tiempo para lo poco que nos conocíamos. Y esa actitud esta íntimamente relacionada a la producción de endorfinas. Ese es el quid del asunto. Ahí radica todo el misterio. Fueron seis días alucinantes en los que fui descubriendo a una chica llena de virtudes; interesante, inteligente, divertida, y con una especial sabiduría para manejar las contingencias pero sobretodo, para manejarme a mí.

Tiene una actitud que me encanta, que me hace querer estar cerca a ella. Me había templado. Ocho cuadras separaban Gracia de Balmes, la distancia perfecta para que dos personas sepan lo que pasa entre ellas. Pero Cristina Schwarz no estaba templada. Así son las cosas Alfre, es lo que hay. Odiaba que tuviera la sartén por el mango y esa seguridad de tener todo bajo control. La gota que rebalsó el vaso fue al final de una noche que salí con R. Fuimos a un concierto de los Smokers, la banda de Parodi, en un bar por Diagonal, de ahí recogimos a un pata del Botafumeiro y terminamos en Opium Mar.

Fue una juerga maldita, no dormí nada y cuando llegué al departamento a las 8 de la mañana, ebrio y destruido, me estrellé contra un email de Cristina en mi bandeja de entrada. En esos instantes uno solo quiere desenchufar la computadora, apagar la bulla e irse a dormir. Y lo que nos deja, al menos en mi caso, es un día entero colgado, infectado de insomnio y de mal humor. Cristina Schwarz con copia a 10 personas Hola chicos, hablé con algunos de uds.

Besos Cristina O sea, me estaba informando en un mail comunal que pasado mañana se iba de viaje con dios sabe quién. O sea, se zurraba en los planes que habíamos hecho para su cumpleaños. Ese era yo, el huevón a la. Respondió una pregunta con otra pregunta. Insinuaba que yo era un estorbo, y para colmo cambiaba de tema olímpicamente. Aquí hay gato encerrado.

Me estaba ocultando algo, lo sabía. Ya me has dicho antes que no puedes y ese correo es una señal evidente que pasas de mí. Ya me cansé de seguirte el paso. Obviamente toda la mañana me pasé de vueltas. A mi pata lo volví loco en el desayuno pidiéndole consejos que me ayudaran a desentrañar el significado oculto de ese correo. Hice mil suposiciones. Uno no debería hacer nunca suposiciones sino coger el teléfono y tomar al toro por las astas, pero yo consideraba ese acto indigno y rastrero, mi posición debía ser impertérrita, firme y contundente: Apenas la vi conectarse al MSN la tomé por asalto y en el mismísimo acto saboteé completamente toda mi ambiciosa estrategia de hacerme el bueno.

Ella no respondía, la pantallita maldita se mantenía en blanco y ni siquiera aparecía el anuncio de que estuviera escribiendo algo, hasta que finalmente, después de un minuto larguísimo, el sonido del chat repicó. Estoy casi seguro que me respondió relajadaza. Aquí termina tu viaje, tienes otros amigos y tu avión sale de El Prat.

Cerré la laptop de un manazo, me entornille el iPod y puse In the end de Linkin Park mientras salía a caminar por la tarde que empañaba de desolación el Paseo de Gracia. En verdad estaba triste y me embargaba una sensación de amargura que comparaba inevitablemente con mi experiencia en Berlín. Barcelona había extrapolado esas conclusiones nefastas y el cielo oscurecido me arrastraba por las calles de Gracia sin que me causen la menor gracia. El plan no era muy alentador porque me moría por ella y me llegaba al pincho perder de esta manera tan contundente, pero bueno ya, ella no quiere nada, así que ni modo.

Llevaba muchas broncas contenidas que se fueron purgando a lo largo de la tarde hasta convertirse en un llanto silencioso e impotente. Me dí cuenta que estaba cansado de viajar y de estar lejos de casa. También ignoraba que Cristina Schwarz había llamado tres veces. Ella se acercaba con el pelo recogido y llevaba puestos los anteojos que solo usaba en la oficina, tenía un abrigo largo negro y en la mano derecha cargaba el maletín. La avenida nos separaba.

Nos vimos desde lejos adivinando nuestros ojos. En el filo de la vereda nos abrazamos. Después de horas me acordé que tenía el teléfono en el bolsillo y al reparar en las llamadas perdidas vi el tintineo que anunciaba una cuarta llamada entrante. No dije nada. Claro, si a todo esto le sumamos que no he dormido desde ayer y que tengo una resaca espantosa producto de todo el alcohol que nos hemos metido con R.

Finalmente - aunque igual de manera no oficial — éramos una pareja. Ella nunca hablaba del futuro y las cosas que yo pensaba se quedaban en mi cabeza, cosas tan proyectadas cómo alucinarnos viviendo en Yanahuara o en Cayma o en Challapampa o en el centro, veraneando en Mejía y juergueando en Caperos, comiendo empanadas de Anita y helados Record. Con un chibolo tal vez, o dos.

Y un perro. Pero nunca lo conversamos realmente. El avión ascendió a 40 mil pies y ya entre las nubes le pedí un vaso con agua a la aeromoza. Pensé en Cristina Schwarz y me tragué un Dormonid. Caí privado. Los primeros días fueron de aclimatación, poner un poco de orden, hacer cuentas y supervisar un negocio hotelero que tengo con unos socios, y también para evaluar la forma de recuperarme económicamente del tremendo gasto del viaje.

Los días eran agradables, había logrado evitar el invierno convenientemente y Lima es otra con sol. Con Cristina Schwarz chateaba casi todas las tardes y antes de terminar mi primera semana de regreso a casa me animé a llamar a Lucienne. La verdad es que no sabía bien que iba a pasar cuando nos viésemos. El tener a Cristina Schwarz en la cabeza había deslucido bastante la ilusión por la secuela de Before Sunrise, pero igual sentía necesario el reencuentro, por eso le mandé una alerta al nextel que me dio en un correo reciente.

No me acuerdo si tenía guantes pero poco le faltaba para ser una habitante del Polo Norte. Oye en serio no sabes, me vas a matar. Efectivamente me consiguió otra pero no fuimos juntos al concierto. Creo que ambos percibimos insalvable la distancia. La vi incomodarse, lo que detonó en mí una inevitable sospecha.

A pesar de todo, la amistad felizmente se conservó. La primera vez que nos vimos me acompañó a hacer mis compras hogareñas. Sabes muy bien lo que me ha costado regresar. Aunque conociéndote te doy un mes. Ya fue, lo poco que queda no creo que dure mucho. Nunca me lo hubiera perdonado, estoy seguro de eso. En fin, abrimos dos cusqueñas al polo y chocamos las latas en señal de amistad. La Fiocho, que es mi pataza y mi ex de las épocas universitarias, me ofreció manejar su restaurante en Pisaq. Lo consulté con la almohada y esta me dio su aprobación.

Sonaba interesante una nueva aventura, esta vez en el Valle Sagrado de los Incas. Acordamos el sueldo y pactamos para el 1 de enero el inicio del contrato. No sabía si lo harías, este blog por su naturaleza irreverente y chismosa no termina de sorprenderme, de causarme sensaciones contradictorias y de traerme agradables regalos. No sé de qué depende que dos personas se pongan de acuerdo y caminen juntas en la misma dirección.

Tengo un millón de teorías en la cabeza y muy poca voluntad para aplicarlas. De pensar en que el amor es finalmente una decisión he migrado a la actitud ociosa de esperar que se manifieste por arte de magia. Como cuando sobrecargas de aire un globo y revienta, como si la presión de aire de mis globos estuviera limitada a un mes. Nuestra pequeña historia estuvo exenta de condiciones y fue linda por eso, porque fue libre. Y entre lo incómodo que me sentí en Barcelona y lo triste que fue Berlín lo que pasó en París fue para mí una recarga de energía y una inspiración.

Me dices que te ayudé a ver muchísimas cosas. Cuando te fuiste tenía tantas ganas de decirte tantas cosas, y a medida que las pensaba las hacía pasar por el filtro de la razón y la razón las llenaba de peros y de trabas y las iba conteniendo hasta apagarlas. Los pretextos eran lugares comunes donde se agazapaban los miedos: La vida es impermanente porque carece de control, pero la actitud ante las cosas que escapan a nuestro control es la que nos hace avanzar o retroceder.

Y cuando miro hacia ese punto específico de nuestro pasado, una sensación de felicidad aparece y es suficiente para saber que todo lo que hacemos vale la pena. Me he quedado pensando cuando dices que esperas que todas las decisiones que he tomado me estén haciendo feliz. Ando por Lima. Regresé de Cusco a los 40 días que me fui, las cosas no salieron como las tenía planeadas y hasta te podría decir que la naturaleza misma se encargó de expulsarme.

Fui testigo de primera mano del lamentable desastre de las lluvias y estuve presente cuando se cayó el puente de Pisaq. Perdí plata, una laptop, la paciencia innumerables veces y la amistad de algunas personas que habían sido importantes en mi vida. También conocí gente maravillosa y me alegra saber que seguimos en contacto.

Creo que esas son las cosas que suceden cuando uno no sigue su cauce y anda huyendo del espejo. Pero si no las vivimos no aprendemos. Las lecciones son contundentes. Al hablar de decisiones también me hiciste pensar en este blog. Una amiga me dijo una vez: Los que me conocen saben que esas formalidades me tienen sin cuidado. También es mi vida y puede que yo vea las cosas a través de un color de cristal diferente. Fabricio y Joaquín me explicaron que Busco Novia era una marca registrada de El Comercio, que no era exclusividad de Cisneros y que él había renunciado por decisión propia.

Que si yo me negaba iban a conseguir eventualmente a otro escritor. Acepté, me pareció un reto interesante y tenía mucha curiosidad por lanzarme a ver qué pasaba. A diferencia de lo que opinan algunos, para mí el nombre del blog se ajusta perfectamente al nuevo tratamiento. Calza como anillo al dedo.

Te deseo lo mejor del mundo en tu relación, en tu chamba y en tu vida, te lo mereces. Aunque Lima tenga, a pesar del pañuelo que es, una misteriosa capacidad para esconder a las personas interesantes. Cuídate mucho. Un besote. Y eso que había tomado mi té de tilo, manzanilla y raíz de valeriana que normalmente me baja las revoluciones. Esquivaba, amagaba, dribleaba a los motorizados que se cruzaban de carril como avispas desorientadas; a los particulares que van a uno por hora por la izquierda y a las temerarias combis asesinas que hacen lo que les viene en gana.

Igual estaba destinado a sufrir los embates de mi mala fortuna. La escena era tragicómica. Juan — que es todo un profesional — mostraba una mirada de desconsuelo, del perro no quedaban rastros y yo — que sentía el enorme deber de ayudarlo - estaba a punto de perder el vuelo. Terrible equivocación la mía, si hubiera tenido una bola de cristal para adivinar que esa bendita aerolínea iba a quedar desactivada intempestivamente y dejar varados a miles de pasajeros alrededor del mundo en plena época navideña, hubiera renunciado a ver a Cristina Schwarz en Lima.

Con tal de ahorrarle a ella y a mí todo el malestar que eso produjo. Un perro desubicado atravesó Fawcett en el cruce con la avenida Argentina y todavía no entiendo cómo no me lo llevé de encuentro, esos perros kamikazes son desde hace tiempo un problema nacional. Iba en el taxi del Sr. Mi corazón se sobresaltó de pena, porque de hecho me importan los animales, y el señor Juan me consoló diciéndome: Apenas nos estacionamos en el terminal aéreo el radiador,. Felizmente esta vez la historia fue diferente.

La llamé apuradamente con la mirada hasta que finalmente me vio. Me habló de las seis horas de retraso en Madrid y de lo bueno que era estar en Lima. Ese día, a pesar del poco interés que me mostró, la vi linda. Ahora y a partir de este punto es que se pueden hacer mil conjeturas, porque por alguna extraña razón los papeles se invirtieron. Fue una volteada de partido -para usar términos mundialistas- inesperada. Cristina quería que estuviera disponible siempre que ella lo desease y empezó a tener el comportamiento caprichoso de una enamorada.

Cuando surgía una discusión se exasperaba y dejaba de contestarme el teléfono hasta horas después en que finalmente lo hacía para llenarme de reclamos. Una noche, regresando de un matrimonio, me dijo que estaba cansada de andar en estos jueguitos donde no hay nada definido. Presentí que ese comportamiento delataba su impaciencia por formalizar la relación. Les juro que en ese momento en la puerta de su casa estuve a punto de decirle para estar. No vayan a pensar que era por presión ni nada de eso, sino porque realmente me gustaba y si hubiéramos estado viviendo en la misma ciudad ya hace rato que habría firmado el contrato.

Se abrió el cielo, la venerable Sunshine había hablado. Los descuentos se jugaron sobre todo en el plano de los detalles, no había empatía ni comunicación. Yo no la sentía interesada por mis cosas y una semana antes de irse a Arequipa a pasar Navidad con su familia me respondió de esta manera cuando le dije que ya tenía su regalo.

Tenía ganas de abrirle la boca y embutirle la mentada libretita -que no tiene nada de adefesiera, aunque hay que reconocer que es un poco cara- hasta que se indigeste con cada una de las palabras que había escrito. Creo que el reencuentro accidentado en el aeropuerto marcó la pauta de lo que sucedería en todo el mes que estuvimos juntos. Gradualmente se nos bajaron las pilas, y creo que yo fui el principal responsable de esto. Estaba muy metido en mis cosas y la verdad es que no tenía cabeza para entender que ella estaba pasando por un mal momento.

La quiebra de Air Comet fue la cereza que coronó el pastel, estaba entrampada en ver la forma de regresar a Barcelona y tenía que hacerse la idea que perdería un montón de plata. A pesar de que fuimos juntos a Pisaq por Año Nuevo, algo importante se había dañado y no teníamos las herramientas adecuadas para repararlo.

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He notado que Sunshine me dice Alfre cuando hablamos huevadas y Rusca cuando me quiere putear. Aprovecho para dejarles Esperando la Luna, el cortometraje que estrené en Diciembre del después de al menos siete años de haberlo grabado. Ya, entro a reu. Hablamos después. Y eso lo debería haber aprendido de paporreta en ese curso intensivo que fue Berlín. Pero como tengo vena trikera y soy un necio por excelencia no me percaté que el destino me estaba tomando examen. El hombre de negro hace sonar la campanada para el réquiem y en esa fracción del minuto 95 en que once hombres muerden el polvo de la derrota, alguien — que no veo hace tres años - entra en la cancha para apretarme el corazón.

Es mi abuelo. En las canciones. El timbre de las tres era el partidor y la libertad. Apenas estallaba corría lleno de ilusiones al paradero donde el Enatru me transportaría a través de toda la Javier Prado hasta su casa en Los Nogales. Llegaba justo a tiempo para oír el himno y el pitazo inicial. Los partidos se complicaban por culpa del catenaccio y del juego defensivo que siempre ha caracterizado a la squadra.

Me devoraba las uñas de la ansiedad y bastaba verlo calmado, con esa manera tan sabia de simplemente ser, para que el mundo entero cobre sentido. Tranquilo, sobrino — me decía porque creo que sobrino en italiano se usa tanto para nieto como para sobrino o porque lo hacía. Ignoro qué pasa por la cabeza de un hijo de inmigrantes al que un mundial lo acerca inexorablemente a sus raíces.

En su mirada percibía a veces la callada nostalgia por la tierra de donde uno viene. Como el saudade de los portugueses o el mar de los celtas. Le agradecí al universo la oportunidad de redimir mi ausencia de esa final lejana. Italia era campeón del mundo, al fin. Esa morriña estaba presente cada tarde y potenciaba mis ganas de tenerlo cerca. Hoy estoy convencido que — a punta de vino tinto y arengas incansables - él, yo y Roberto Baggio llevamos a esa Italia a la final. En una jugada sucia, distraída y adolescente, le saqué la vuelta con mis amigos y no vimos el partido juntos.

La derrota del Rose Bowl nos golpeó separados. Él era de Alianza, yo soy de la U, nuestras posiciones políticas estaban siempre en las antípodas y no había reunión familiar en la que no discutiéramos. Él pisaba tierra, yo ando en las nubes. Tenerlo al lado era suficiente para entender que esas cosas no importan cuando se sabe ver hacia adentro. La gente que lo conoció conoció también su grandeza. Fue un hombre justo, sencillo, bondadoso y de una rectitud inquebrantable. El jueves pasado, cuatro días después del Día del Padre, le volvió a tocar a Italia caer en un Mundial. Mi abuelo murió un año después de la final de Alemania.

Felizmente la vida va en espiral, las situaciones se vuelven a dar y muchas veces los deseos se hacen realidad. Doce años se demoraría el destino en otorgarnos la revancha. Ahora él con ochenta y yo con veintinueve. La dupla entraba nuevamente a la cancha. Totti, Inzaghi, Materazzi y Zambrotta nos quitarían el aliento hasta devolvérnoslo después de los goles de Grosso y Del Piero en el Circolo. Fue un domingo de gloria. La casa se había transformado en una tienda de campaña italiana. Post compuesto de 5 historias cortas, independientes entre sí y a la vez unificadas por el caprichoso designio del autor.

Quejarse era imposible, nos habían metido la yucasa. El Muki nos acogió con los brazos abiertos para desquitarnos de la estafa. No recuerdo si los concurrentes eran locales, turistas o alumnos de otros colegios en su viaje de promoción, no me acuerdo si había alguna chica que me gustara, o alguien que me llegara al pincho, la verdad es que no me acuerdo de casi nada.

Pero de lo que si me acuerdo perfectamente es de estar en medio de la pista de baile dominando el Meneíto con total desparpajo. La discoteca estaba repleta, como siempre, y fue en la tercera repetición de la cuarta estrofa que me topé con un imbécil que venía en sentido contrario. Pero ante todo estaba el orgullo, la gallardía y la defensa del territorio que uno pisa. En cualquier momento saldría un puñetazo, una patada voladora, un cabezazo y el asunto pasaría a mayores.

La pista de baile del Muki estaba flanqueada por dos paredes enchapadas — cada una - de un enorme espejo de cristal. Y levanté la mano y entorné los ojos y giré levemente la cabeza y el imbécil que me estaba desafiando también levantó la mano, entornó los ojos y giró levemente la cabeza. Este es un cuento corto inspirado en una misteriosa cita a ciegas. Espero que les guste.

La luz de los faroles resplandece al chocar con las olas. El quiere mantener la mirada en ella pero teme que lo descubra y lo perciba con demasiado interés. El ha oído cada palabra. Piensa que es un punto perfecto, si la besara, enfocaría ahí la mayor parte del beso. Le daría pequeñas mordidas, dibujaría círculos concéntricos. Shed your love- track 5. The Helio Sequence.

La vista alcanza los acantilados. Destaca el semicírculo de la bahía. Siete pisos abajo, sobre la superficie marina, los botes parecen islas multicolores. En el pasillo se detienen a observar una vitrina con carros antiguos. La bandeja desplaza el disco dentro del reproductor. Gira el dimmer haciendo desvanecer las luces. Una canción murmura. Fell off of the plane in Amsterdam Shop the streets to find out who I am Come on back to me, reality. Se acomodan en una pequeña sala. Los dos frente al mar. Observando cómo se reflejan juntos en la mampara oblicua.

Hace una semana le empezó una molestia en los ojos. Le han dado dos gotas para cada uno de ellos.


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Los cierra. Noche de excepciones, piensa él. Ordenan dos Bellinis. El lugar les recuerda a una película. Hablan de libros y de series de televisión. A ella no le gustan los finales abiertos. Probablemente se deba a que ya excedí — por largo trecho - mi cuota de Lima o a que no estoy siguiendo correctamente a mi intuición.

Anoche también había una fiesta en la casa Tupac una fiesta de artistas en Barranco a la que no fui por huevón. La resaca, a estas horas de la mañana, recrimina sin piedad mis malas elecciones. El problema es que tengo este bendito carnet del Box - el VIP de Aura - que no me ha costado ni un mango y que ejerce un poderoso magnetismo en momentos de indecisión.

Aura —Gótica — Picas - Bizarro - alrededores y algunos nuevos restaurantes que no conozco y que, la verdad, tampoco me provoca conocer. Aunque también debo reconocer que esa actitud amarrete, al menos ayer - y por la que me ha jalado las orejas una amiga muy cercana, - genera involuntarias distracciones en las que no veo, ni reconozco — y por ende no saludo - a las personas con las que sí me provocaría encontrarme.

Esa caja ha sido de lejos el mejor regalo que he recibido este año. El postre me lo empujé en el acto. Hace dos semanas, por mi cumpleaños, me llegó una caja de cartón cuidadosamente envuelta remitida por una lectora del blog que recién he conocido. Las instrucciones eran las siguientes: Un beso. Como idea lucía igual de buena que físicamente. El asunto empezó cuando un pataza mío me llamó desde Toronto para informarme del hallazgo. Seguí sus instrucciones, después de todo, Pervert ostenta entre nuestros patas el título honorario de maestro retirado en las artes de la seducción.

Pero algo me hace sospechar que sus intenciones no eran del todo desinteresadas. Pervert pendejo. Como si yo fuera a tropezar dos veces con la misma piedra. Me lanza una carnada apetecible para pescarme vulnerable, a sabiendas de mi debilidad por la adrenalina, los viajes largos y los romances idílicos.

La teoría del Cazador de Conejos a la que le dedicaré un tratamiento exhaustivo posteriormente dice que si lo que el cazador busca es comerse a su presa debe tener en cuenta dos condiciones propias de esta: Un disparo apurado, a quemarropa, puede o bien reventarlo y arruinar la mayor parte de la carne o ahuyentarlo despavoridamente. Ahí es cuando el cazador, agazapado, centinela, diestro, percute el arma, anula la distancia que lo separa de su objetivo y magistralmente consagra su arte. Ahora, también existe otro tipo de conejos y esto lo saqué.

A ese tipo de conejo poco frencuente, que llamaremos Conejo en Bandeja, es difícil no comérselo, no requiere mayor pericia por parte del cazador y es ideal cuando la jornada ha sido infructuosa o hay escasez. Pero ese ya es el extremo opuesto de la teoría y no creo que sea el caso. Superando este pequeño paréntesis teórico prosigo con el relato de la chica del Blind Date.

Musicalmente hubo click total. Acordamos una cita. Un Blind Date. Aunque, hoy por hoy, con toda la tecnología, hablar de una verdadera cita a ciegas es pedirle peras al olmo. Bien escaneados que nos teníamos. No prosperó esa idea. Finalmente, y después de barajar varias opciones, acordamos el encuentro para la noche siguiente en el Regatas. El escenario era ideal por varios motivos: Llegamos puntuales, ambos nos estacionamos a la misma vez. Hicimos contacto visual e inmediatamente nos sentimos cómodos.

La chica estaba linda, tenia el pelo oscuro y ese lunar gracioso en la mitad de la boca. Digamos que tuvo la posesión del balón durante la mayor parte del tiempo, y no me molestaba. Me divertía oírla. A pesar de estar esos días con una infección en los ojos que me impedía usar mis lentes de contacto habituales, - y que ahora que lo pienso se asocia extrañamente a la idea de una cita a ciegas — durante las cuatro horas que estuvimos juntos el malestar paso inadvertido.

Fue rara la sensación de estar usando anteojos en ese momento. Como si en lo agradable del paseo en el que saltaron innumerables. La cita a ciegas había coronado exitosamente varias horas de chateo. Se pintó como un buen inicio y propició la partida de una cacería atolondrada que duraría apenas dos semanas. Les dejo el primer cortometraje que dirigí y escribí hace ya como diez años.

El de ellos supera al mío largamente en visitas pero a ver si les vacila y les hacemos un poco de competencia. Son impresiones recurrentes de un modelo obsoleto.


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  • La ilusión por recuperar el amor perdido es la fe del Cazador de Conejos. A un nivel profundo, inconsciente, el cazador, como Ahab en su persistentes correrías por saldar cuentas con Moby Dick, es un obsesivo -a veces desorientado, a veces encaminado- que busca hallar y perpetuar el goce perfecto experimentado en esa primera vez. Y creo que por ahí va la cosa. Si tendemos una línea para mostrar la capacidad de las personas de empatar con otras, un extremo estaría sostenido por la mediocridad y el otro por la perfección.

    El primer beso concéntrico fue bajo el Puente de los Suspiros un día después del Blind Date. Esa noche la tranquilidad nos llevó a su antojo por las calles de Barranco. Sin intoxicaciones, sin nerviosismos. Éramos dos peregrinos conociéndose, caminando al azar por la misma vereda, esperando robarle al destino algunas señales inequívocas de sincronías y de certezas.

    No me gustan las discotecas ni los lugares bulliciosos. Antes tal vez, pero ya no. Tampoco me gusta tomar mucho. Prefiero un plan tranqui, como este, algo sencillo, me decía a medida que volvíamos del mirador. Yo quiero eso, pensaba mientras le seguía los pasos. Después nos sentamos y permanecimos un rato en silencio. Los besos sobrios, al menos las primeras veces, saben un poco raro. Después de esa noche nos acercamos mucho. La comunicación se volvió diaria. Un click neurótico. Pero también dicen que siempre hay un roto para un descosido.

    Sí pues, la chica había caído del cielo. Gonzalo tenía razón, pero confiaba en el buen olfato de Pervert, que estaba convencidísimo de que ella era LA chica. Y mis ganas de consolidar una relación antes de los 34 habían propiciado el querer zanjar el tema de una vez por todas. Total, Si la piscina tiene agua solo hace falta lanzarse. Inmediatamente después llegaron a mi inbox tres informes astrológicos que nunca abrí. Desde la esquina opuesta del continente, evaluando como un entrenador la performance del juego, Pervert monitoreaba la cacería. Mantenme al tanto.

    Hicimos planes para 28, quedamos en ir a un concierto de Daniel F y ella empezó a tantear mi regalo de cumpleaños. Tal vez ya demasiado perfecta. Eso me dio la seguridad para darle rienda suelta al entusiasmo sin preocuparme que este fuera solo de mi lado. Ella se convirtió — después de confesarse gran lectora de cualquier tipo de literatura — en una analista del Busco Novia.

    La invité a un matrimonio, le encargué que me trajera una raqueta de squash de un viaje que tenía programado. Yo no sé cómo HBO ha financiado ese adefesio, y eso que me vacilan las historias de vampiros, pero en fin, ella es fan de Soockie, ni modo. Pero al noveno día, inexplicablemente, el conejo desapareció. Supuestamente todo estaba bien y de pronto dejó de conectarse, y cuando le mandé una alerta no me la devolvió nunca. Creo que la flaca se ha asustado y ha metido freno de mano. Bueno, menos mal. Por ahí no va la cosa. Y no creo que exista otro huevón.

    Efectivamente, el miércoles, seis días después de andar desaparecida, me envió un correo. A ver queridos lectores, su opinión es importante para mi. Hola Alfre!! Un beso! XXXX Exiguo, puntual, esquelético, el mensaje poseía la anatomía de un fantasma. Si quisiéramos diseccionarlo, para usar una analogía clínica, el bisturí no funcionaría, lo atravesaría sin hallar resistencia. Intentaré adivinar entonces, disparando al aire a ver qué es lo que cae. Por un lado parece una formalidad, un acto de presencia, la flaca estaría pasando revista a su fila de pendientes, listo, check, next.

    Después de seis días tal vez me extrañó, tal vez se sintió sola, tal vez el ex no apareció. Tal vez simplemente decidió retomar el contacto, con precaución, sin saber bien qué decir, tanteando la cancha para ver si sigo interesado en devolverle la pelota y continuar jugando en pared. Sea como sea, pese a mostrar un poco de preocupación y firmar con el diminutivo con el que cariñosamente la llamaba, me parece, la verdad, un mensaje confuso y cagón. En un bosque habitan varios tipos de conejos. También los que moran en la llanura y los montañeros, los de pelaje frondoso y refinado y los de patas cortas y sin pelo, los aventureras y los temerosos, los transparentes y los confundidos.

    Cuando el cazador intuye que el conejo lo quiere llevar por un terreno irregular y desconocido es porque algo trama, entonces debe sospechar que este conejo pertenece a la especie de la Vizcacha Mañosa. Esta familia de conejos es especialista en conducir al cazador a las pantanosas y temibles arenas movedizas. Cuando este pisa la trampa, la vizcacha, a la distancia, sonríe mañosamente porque sabe que ha conseguido su objetivo.

    En los seis días transcurridos se me bajaron las pilas maleadamente. Estar templado es también un tipo de intoxicación. Si te expones a algo de manera compulsiva es normal terminar saturado o en una sobredosis. La desintoxicación jode un rato pero igual pasa. Esa mañana me encontraba frente a la pantalla volviendo a leer el mensaje y viendo qué responderle cuando de. Si tuviera un detector extrasensorial diría que estaba ansiosa.

    La idea daba vueltas por mi cabeza a raíz de un problema de salud que tuve cuando cumplí treinta. Por diversas razones fui postergando el plan. Finalmente en marzo ingresé como postulante a la B y desde entonces y hasta hoy he cumplido con todas las exigencias de la compañía. He asistido a las citaciones obligatorias tres veces por semana, a las extraordinarias y a las dos guardias nocturnas semanales. Este consistía de tres pruebas: Les cuento esto para que sepan por qué no hicimos planes con anterioridad. El examen se convirtió en su coartada perfecta. Ya, claro, podría ser un caso aislado, la excepción que confirma la regla, … o Not!

    También me pidió sus discos de vuelta para meter las canciones en su nuevo iPod y sin dejar ninguna ventana abierta se despidió a la velocidad de una centella. A mí me gusta compartir las cosas a las que les pongo pasión, no importa el formato ni el tema, y ahí estaba el texto en el escritorio, calientito, limpio, listo para ser difundido. Piña pues, por eso escribo aquí.

    Guerra avisada no mata gente. Sentí la libertad de volver a hacer lo que me da la gana. Y ella no tenía por qué quejarse, el Blind Date la dejaba bien parada. Unas horas después de hacer click en el botón de publicaciones del blog la ví conectarse nuevamente al MSN. Anda pues mamita, haz tus cosas, ponte a ver True Blood también si quieres ah, que yo tengo que postear. No le respondí. No necesité el detector extrasensorial para darme cuenta que estaba un poco histérica.

    Al rato los dos nos desconectamos. No te creoooo, no tengo ninguna llamada tuya, pucha parece que mi Blackberry no guarda alertas, siempre me pasa lo mismo. No guardo una sensación exacta de ese momento ni de todo lo que pasó antes, los días que estuvimos juntos ahora parecen tan lejanos que ni siquiera me acuerdo del lunar de su boca ni del sabor de sus besos. Es raro también que desde entonces y hasta hoy no haya vuelto a escuchar The Helio Sequence. Nunca me trajo la raqueta y tampoco fue conmigo al matrimonio. Creo que ha quedado pendiente una conversación, aunque tengo la corazonada que ella no hubiera sido del todo sincera, como si tuviese una especie de bloqueo que le impidiese mostrarse verdadera, transparente, vulnerable.

    Hace poco nos encontramos de casualidad en la 73, nos saludamos amistosamente y aun cuando la sigo viendo conectada al FB y al MSN no hemos vuelto a intercambiar palabras. Tal vez en un primer momento fue un Conejo Camaleón, pero después ya no. Después de la primera cita hasta podríamos decir que era un Conejo en Bandeja. La verdad es que a mí tampoco se me hubiera ocurrido, pero ya vez, todo puede pasar en esta vida. Mejor te lo tomas deportivamente y te vas olvidando, porque este partido ya no lo vas a voltear.

    Pero como su naturaleza. Aunque reconozco que su discurso tiene lógica. En fin, supongo que hasta al mejor cazador se le escapa la paloma. O el conejo. Y como diría Gonzalo, de. No pido con esto que se reencarnen las mismas historias, que se reimpriman las hojas ya escritas ni que me reconforten las mismas canciones, sino que lo que sea que tenga que venir a partir de ahora lo haga envuelto de la misma pasión y cargado con las mismas ganas de siempre.

    Igual pienso que lo importante no es esquivar los golpes sino plantar bien el cacharro y si vives a mil por hora te vas a estrellar a mil por hora tomar riesgos hace que me sienta menos ocioso y que la vida valga la pena. Cada vez que el piloto hace un anuncio me rompo la oreja tratando de descifrar si todo esta OK o si nos vamos a estrellar subita-. Giro el rostro y observo cómo se proyectan en la ventanilla las postales de historias antiguas con soundtrack incluido. Suele pasarme cuando vuelo. Y la chica sonríe, se pone roja y me roza con su vestido strapless el pantalón.

    Qué les puedo decir, la turbulencia me ha puesto cursi, mejor me pido una chela. María José, creo que el amor es un juego y que no tiene nada que ver con crecer. Que un buen día te lo encuentras y quieres que no se acabe y que sea para siempre y entonces, cuando suceda, le voy a decir en el oído que haré mi mejor intento, que voy a dar todo de mi, que los falsos días con los falsos pasos se terminaron, que ahora pertenecen a esa maleta que ya no cargo y que dejé tirada en una calle cualquiera de una ciudad que ya no me importa.

    Y también voy a poner en mi status del Facebook, por primera vez en mi vida, que estoy en una relación. Tal vez luzca una media cola y entienda de lo que estoy hablando. Esos son los días que valen la pena, María José, esos son los días que nunca terminan. Después de una hora extra el piloto informa que finalmente vamos a aterrizar.

    María José se despierta y me dice que la tormenta se ha desviado hacia Filadelfia y que las condiciones recién son propicias. En este viaje no hay asuntos pendientes. Seco la chela y enderezo el asiento. Nos inclinamos. En la pantalla de información de vuelo. Es comunicadora igual que yo, le doy mi tarjeta y la animo a leer el blog. Pienso que es una buena época, después de mucho tiempo no tengo a nadie en la cabeza. Estoy tranquilo y las vacaciones me van a caer a pelo que no tengo. Sé que limpiar el armario y botar lo que ya no sirve es indispensable para atraer cosas nuevas y esta es mi manera de hacerlo, viajar es también una forma de volver.

    Al pagarle le pregunto de dónde es. De Senegal, me responde en inglés, yo le digo que soy peruano y que mucho gusto, sonríe, me entrega el cambio y al despedirse me dice que no me preocupe, que el pronóstico para mañana es mejor. Después de Esperando la Luna había quedado pendiente el desenlace de la historia con Cristina Schwarz y también de pasadita, y aunque ustedes no lo crean, con Vicky. En esta parte del episodio VIII daré por zanjado el tema no sin antes exponerlo a una pequeña disertación con ustedes, estimados lectores, cuyos consejos y comentarios siempre exhortan a mi impulsiva mente a someterse a una exhaustiva reflexión.

    Esa fue la primera de tres eliminaciones en lo que va del año. En el cuento ella es C y Vicky V. Pero igual soy consciente de que la mayoría y me incluyo porque seguramente lo hago por momentos a pesar que resienta de ello tendemos a encasillar y comparar a las personas con cualquier ícono o referencia concreta a la que el sistema considera valiosa, interesante o ejemplar.